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viernes, 15 de octubre de 2010

Y las aguas se abrieron...

Según un estudio realizado por investigadores del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR) en Boulder, Colorado, y la Universidad de Colorado en la misma ciudad estadounidense es posible que el mar Rojo se abriera para dejar paso a Moisés y a los suyos durante el éxodo, mientras huían de las tropas faraónicas. Es factible, según una simulación por ordenador generada por los científicos, que un fortísimo viento abriera un paso entre la masa de agua en un punto concreto de esa zona cercana al delta del Nilo donde los investigadores, tras realizar mediciones por satélite y cálculos del flujo de agua en aquella época, han visto plausible el célebre milagro pro-judío. La hipótesis apunta que el viento debió soplar a algo más de 100 kilómetros por hora durante unas doce horas, generando un puente de tierra de entre 3 y 4 kilómetros de longitud y 5 de ancho. Eso sí, sólo durante cuatro horas. Cuando los "malos" se propusieron darles alcance siguiendo el mismo camino entre las aguas, éstas, (ah, se siente), se cerraron y todos perecieron ahogados. Es lo que se llama dinámica de fluidos divinotendenciosa.

miércoles, 14 de enero de 2009

Agua virtual, de lo más real


El concepto de agua virtual fue acuñado en 1993 por John Anthony Allan para poder hablar del agua que se gasta en la producción de un bien o un servicio, lo que le valió el Premio del Agua Estocolmo 2008, equiparable al Nobel. A este científico de 71 años, ingeniero, británico e investigador del King's College de Londres, le preocupa y mucho que no se tenga en cuenta en los procesos de producción la cantidad de agua que se gasta. En base a su teoría, y tal como recoge el informe “Huellas de agua de las naciones” elaborado por la Unesco, evidencia datos alucinantes: para fabricar una hamburguesa de 150 gr, son necesarios 2.800 litros de agua. Un par de zapatos de piel de vacuno, consumen 8.000 litros durante si fabricación y una camiseta de algodón, 4.100. Incluso poner un huevo al mercado requiere un gasto de agua, 135 litros. Es decir, no consumimos agua sólo cuando bebemos, nos duchamos o ponemos la lavadora. También cuando comemos, nos vestimos o usamos un producto cualquiera. Esa información es muy útil para determinar la huella hídrica de determinado bien y para calibrar el impacto de las naciones y sus habitantes. Según la teoría del agua virtual y los datos de Allan, cada español consume 2.740 litros de agua diarios, y un estadounidense 7.000, la mayoría de los cuales han sido usados en los procesos de elaboración, empaquetamiento y transporte.
Estos datos deben servir para conocer el precio real de las cosas y en base a ello, actuar. Sólo así, con datos concretos, podremos afrontar la escasez de agua que, según la ONU, en 2020 afrontarán 250 millones de personas.