A finales de 2007, el entomólogo Edward O. Wilson pasó por Barcelona a recoger su Premi Internacional Catalunya y en una de las entrevistas que concedió, explicó algo que me llamó mucho la atención. Según este interesantísimo personaje especialista en hormigas, hoy día los niños no tienen tiempo para aburrirse. «Seguramente, si siendo un chico no me hubiera sentido jamás aburrido, no me habría dado por observar las hormigas de mi jardín», afirmó.Ahora, en El Periódico de Catalunya leo un artículo que hace referencia a un estudio realizado por el Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP), vinculado al Hospital Clínico de Barcelona, que argumenta que el aburrimiento impulsa la creatividad y autonomía de los más pequeños. La hiperactividad e hiperprogramación a las que se les somete en la actualidad causa un fenómeno denominado «la inteligencia anestesiada»: Se les anula la inteligencia porque no tienen nada en qué pensar porque ya todo está pensado. Les afecta la creatividad y pierden cierto grado de autonomía. Qué mal rollo. El tema me parece esencial y cuestiona además la cantidad y la calidad del tiempo que pasamos con nuestros hijos. Poca broma.