Esta panorámica del centro de la Vía Láctea se ha realizado desde un telescopio aficionado en el Observatorio Europeo Austral, al norte de Chile. Son 1.200 imágenes unidas obtenidas tras 200 horas de exposición a lo largo de 29 noches por el fotógrafo y astrónomo francés Stéphane Guisard, que dirige el equipo de ingenieros del Very Large Telescope del observatorio. Entrando en la web del portal del Colegio Oficial de Físicos se accede a la imagen, y una vez en ella se puede hacer un zoom en la parte de nuestra galaxia que les parezca más sugerente. Es ideal para los días en que uno se siente en plan «to be or not to be». El vértigo que da el mogollón estelar en el que estamos inmersos... o cura o mata.
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miércoles, 23 de septiembre de 2009
En algún lugar allí fuera
Esta panorámica del centro de la Vía Láctea se ha realizado desde un telescopio aficionado en el Observatorio Europeo Austral, al norte de Chile. Son 1.200 imágenes unidas obtenidas tras 200 horas de exposición a lo largo de 29 noches por el fotógrafo y astrónomo francés Stéphane Guisard, que dirige el equipo de ingenieros del Very Large Telescope del observatorio. Entrando en la web del portal del Colegio Oficial de Físicos se accede a la imagen, y una vez en ella se puede hacer un zoom en la parte de nuestra galaxia que les parezca más sugerente. Es ideal para los días en que uno se siente en plan «to be or not to be». El vértigo que da el mogollón estelar en el que estamos inmersos... o cura o mata.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Alucinando por un tubo

Cuando el viento solar, repleto de partículas cargadas, colisiona con la atmósfera terrestre inducido por el campo magnético, se forman las fabulosas auroras, boreales o australes, según en el hemisferio en que se generen. En el momento en que los protones y electrones procedentes del sol chocan con los átomos y moléculas de nitrógeno y oxígeno de la atmósfera, se da un incremento enorme de energía. Luego, al liberarse la sobrecarga, se originan esas luces fantásticas que vienen siendo observadas por científicos de todos los tiempos. Se ven sólo en los meses cercanos a los equinoccios porque es cuando las tormentas geomagnéticas son más frecuentes. El telescopio Hubble, cuando estaba en buena forma, logró captar también auroras en planetas como Júpiter y Saturno, dotados también de un potente campo magnético. La explicación fue planteada tras siglos de observación, hipótesis y teorías. Nunca fue fácil dar en el clavo a la primera. Este fin de semana, paseando por Ginebra, visité el Museo de la Historia de las Ciencias, un precioso edificio orientado hacia el lago Leman que alberga una interesante colección de instrumentos científicos algunos de los cuales cuentan con más de seis siglos de antigüedad. Me llamó la atención el simulador de auroras boreales que Auguste de la Rive presentó en el Observatorio de París en 1863. Combinando electricidad y magnetismo, logró reproducir el efecto luminoso en su máquina reproductora de auroras, de las que sólo existen tres ejemplares en todo el mundo. No atinó todavía a descifrar que el origen de las partículas eléctricas procedía del sol, pero por lo demás recreó a la perfección el fenómeno en su invento. Además del artefacto de de la Rive, hay muchos otros bártulos que vale la pena observar. Creaciones a mis ojos alucinantes que hombres fascinados por el conocimiento construyeron para iluminar el camino infinito hacia el saber científico.
miércoles, 25 de marzo de 2009
En honor a Galileo

Hace 400 años, el astrónomo italiano Galileo (1564-1642) hizo sus primeras observaciones estelares con un primitivo telescopio y pudo reubicar el orden establecido del universo más cercano: la Tierra no era el centro del cosmos, si no que giraba alrededor del Sol, formando parte de un sistema planetario. Los fundamentalistas religiosos pensaron que esa idea no era lo suficientemente gloriosa para ellos, seres humanos concebidos por el Altísimo a su imagen y semejanza. La Tierra, hogar del Hombre, debía ser algo MÁS que cualquier otro planeta habido y por haber. Ensalzando a Aristóteles y su geocentrismo (hay que recordar que el sabio griego había hecho sus cábalas sobre el cosmos seis siglos atrás) y acusándolo de hereje, Galileo, un hombre del renacimiento contemporáneo de Shakespeare, amante de la ciencia y del pensamiento, fue condenado en 1633 a condena perpetua aunque gracias a sus amistades y sobre todo a su abjuración, el castigo fue conmutado por un periodo de encierro en su propio hogar. En 1642, el mensajero de las estrellas (por su obra Sidereus nuncius) murió ciego y aunque por lo que parece nunca pronunció el famoso Eppur si muove, resultó que sí, que la Tierra se movía y esa idea, en la línea de su predecesor, Nicolás Copérnico, abrió las puertas de la astronomía moderna. En honor a Galileo Galilei, este año 2009 es el Año Internacional de la Astronomía y en Florencia, el Palacio Strazzio alberga una gran exposición sobre el astrónomo titulada “Galileo: Imágenes del Universo desde la Antigüedad hasta el telescopio", desde este mes de marzo y hasta el 30 de agosto.
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