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jueves, 25 de febrero de 2010

Todo lo que sube, baja


Hace 250 millones de años atrás, en Siberia tuvo lugar una gran erupción volcánica. Numerosos volcanes erupcionaron simultáneamente y durante cinco millones de años (¡jope!) lanzaron entre otras cosas gases cargados de azufre a la atmósfera, provocando una gran cantidad de lluvias ácidas. Esa lluvia tan dañina se debió cargar a todo bicho viviente en toda el área circundante y además, erosionó las rocas expuestas, liberando el silicio que contenían, que fue arrastrado por la escorrentía, primero hacia las cuencas más próximas y después hacia otras más lejanas. En algunas de esas cuencas se acumuló gran cantidad de vegetación descompuesta, convirtiéndose primero en turba y luego, con el transcurso de millones de años, en yacimientos de carbón, como el que hay en el condado chino de Xuan Wei, en el sudeste del país. Allí, un equipo de investigadores de la Universidad de Texas, en Dallas, ha estudiado desde 1980 la alta incidencia de cáncer de pulmón registrado entre las mujeres no fumadoras del condado. Una incidencia que ha provocado una tasa de mortalidad 20 veces mayor que en el resto de China. Los científicos han llegado a la conclusión de que el motivo reside en el carbón que las mujeres queman para cocinar. Resulta que contiene grandes cantidades de dióxido de silicio, un compuesto altamente cancerígeno. Un carbón que se contaminó a consecuencia de las lluvias ácidas acaecidas hace 250 millones de años. (¿Por dónde andará ahora la “nube” de Chernobil?)

miércoles, 11 de febrero de 2009

Todo permanece

Tengo dolor de cabeza. Dejo un momento el ordena-
dor para irme a tomar un ibuprofeno. Cuando regreso, me ha llegado por correo electrónico una nota de prensa titulada: «Logran eliminar con ultrasonidos el ibuprofeno de las aguas contaminadas». Suelto una exclamación malsonante y me pongo a leer. Resulta que un equipo de científicos, en el que han participado investigadores del Departamento de Ingeniería Química de la Universidad de Barcelona, han creado un sistema para eliminar el ibuprofeno de las aguas de las depuradoras para evitar así que el contaminante farmacéutico llegue a ríos, lagos y mares. Y es que el problema, por decirlo de algún modo, tiene mucho desperdicio. Como ustedes ya habrán pensado alguna que otra vez, todo lo que ingerimos vuelve al medio, ya saben aquello que también es aplicable a la energía: la materia jamás desaparece, sólo se transforma. Así, además de los contaminantes que generamos a través de los procesos productivos, están los que vertemos al medio una vez nuestro cuerpo se deshace de ellos. Y no sólo nosotros, también los animales que criamos para alimentarnos. Liberamos así un sinfín de productos farmacéuticos o sus formas metabolizadas que llegan al entorno mediante la excreción, ya sea doméstica, veterinaria u hospitalaria.
Hace años que los científicos se han dado cuenta de que los medicamentos están causando extraños efectos en las especies acuáticas. Las hormonas femeninas contenidas en los anticonceptivos orales alteran genéticamente a las truchas. Los restos de antidepresivos parecen causar retraso en el desarrollo de los renacuajos. Los peces cambian de sexo a consecuencia de diferentes contaminantes. Los trazos de fragancias y perfumes intoxican al pez espada. Fabiola Méndez Arriaga, coautora del estudio, afirma que se trata de un problema sanitario a escala mundial para el que no hay todavía un marco legal definido. En fin... Tengo pis, pero casi que me espero.