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jueves, 1 de abril de 2010

Amando lo diminuto


El holandés Wim van Egmond ama lo diminuto y por ello ha creado esta web que, bajo el nombre Micropolitan Museum, expone imágenes de seres minúsculos: microorganismos sorprendentemente bellos para los que van Egmond pide justicia. Estas joyas vivientes creadas tras eones de evolución llevan muchísimo más tiempo que nosotros en el planeta y sin embargo, apenas los conocemos. Con humor, van Egmond propone desde su Instituto de Promoción de lo Menor de un Milímetro un poquito de por favor hacia estas fascinantes criaturas. No por ellas, a las que seguro que les importamos bien poco, si no por nosotros. Más que nada por aprovechar ese inmenso privilegio del que gozan (casi todos) los Homo sapiens: disfrutar de la belleza, en esta ocasión en formato XXS.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Alucinando por un tubo


Cuando el viento solar, repleto de partículas cargadas, colisiona con la atmósfera terrestre inducido por el campo magnético, se forman las fabulosas auroras, boreales o australes, según en el hemisferio en que se generen. En el momento en que los protones y electrones procedentes del sol chocan con los átomos y moléculas de nitrógeno y oxígeno de la atmósfera, se da un incremento enorme de energía. Luego, al liberarse la sobrecarga, se originan esas luces fantásticas que vienen siendo observadas por científicos de todos los tiempos. Se ven sólo en los meses cercanos a los equinoccios porque es cuando las tormentas geomagnéticas son más frecuentes. El telescopio Hubble, cuando estaba en buena forma, logró captar también auroras en planetas como Júpiter y Saturno, dotados también de un potente campo magnético. La explicación fue planteada tras siglos de observación, hipótesis y teorías. Nunca fue fácil dar en el clavo a la primera. Este fin de semana, paseando por Ginebra, visité el Museo de la Historia de las Ciencias, un precioso edificio orientado hacia el lago Leman que alberga una interesante colección de instrumentos científicos algunos de los cuales cuentan con más de seis siglos de antigüedad. Me llamó la atención el simulador de auroras boreales que Auguste de la Rive presentó en el Observatorio de París en 1863. Combinando electricidad y magnetismo, logró reproducir el efecto luminoso en su máquina reproductora de auroras, de las que sólo existen tres ejemplares en todo el mundo. No atinó todavía a descifrar que el origen de las partículas eléctricas procedía del sol, pero por lo demás recreó a la perfección el fenómeno en su invento. Además del artefacto de de la Rive, hay muchos otros bártulos que vale la pena observar. Creaciones a mis ojos alucinantes que hombres fascinados por el conocimiento construyeron para iluminar el camino infinito hacia el saber científico.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Muséum Nationalle d'Histoire Naturelle du Paris


Este fin de semana pasado estuve en París (printemps total) y visité el Museo de Historia Natural de la capital francesa, uno de los más antiguos de Europa, que empezó a gestarse, según se cuenta en su web, en 1635 con la construcción de un jardín medicinal para Luís XIII, quien quiso que el espacio fuera usado también para estudiar e investigar. A partir de 1718, el conde de Buffon, Georges Louis Leclerc, impulsó las primeras colecciones de historia natural. El jardín medicinal pasó a llamarse Jardín del Rey, dobló su superficie y aunó unas 6.000 especies de plantas. En 1739 el lugar ya se denominó Museo de Historia Natural. Años después impartirían clases en él catedráticos de hasta 12 disciplinas, entre ellos Jean-Baptiste Lamarck, que enseñaba entomología. Fue una época científica muy fructífera en la que, entre otras cosas, Darwin gestó su origen de las especies, Becquerel descubrió al radioactividad y Mendel inició sus estudios genéticos. En 1889, se inauguró la galería de Zoología al mismo tiempo que la Torre Eiffel. Tras ella,  se crearon las galerías destinadas a la paleontología, la anatomía comparada y la antropología. La expansión colonial abrió las puertas a la historia natural y las colecciones no dejaron de crecer. Después de la guerra y la descolonización, el museo empezó a renovarse, estética y conceptualmente. En 1994, la galería de Zoología pasó a ser la galería de la Evolución (en la foto). En ella se exhiben un total de 7.000 especímenes, de los cuales 3.000 están en la nave central. Pedazo museo, bien sûr.