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lunes, 23 de noviembre de 2009

Otros australianos

En el
estado de Queensland, situado
en el
noroeste de Australia, existe una pequeña localidad llamada Thargomindah, donde habitan 203 habitantes en medio del outback, la zona remota, interior y semiárida de Australia, cuyas partes más lejanas, por si os resulta inspirador, son denominadas por los aborígenes como “Nunca-nunca”. Aunque la mayoría de aborígenes australianos habitan en este paraje, aloja a menos del 10% de la población blanca, entre ellos a los aussies de Thargomindah, muchos de los cuales se dedican a la agricultura y a la ganadería.
Si he llegado a reparar en la existencia de este pequeño pueblo del que nunca antes había oído hablar es porque sobre las tierras de Queensland se abate desde hace meses la peor sequía registrada en 50 años. Resulta que las extensas praderas del outback yacen yermas bajo un sol abrasador y, en consecuencia, muchos animales se han quedado sin comida ni bebida, lo que ha les ha obligado a desplazarse por el territorio buscando oportunidades para sobrevivir. Eso es lo que les ha sucedido a los canguros y emús de estas tierras que, desesperados, se han visto obligados a invadir Thargomindah, arrasando con los campos que han encontrado a su paso y rastreando la presencia de agua. Centenares de canguros y otros tantos emús han optado por jugarse el tipo acercándose a una zona poblada por el hombre . Los habitantes de este lugar, sobra decirlo, están bastante mosqueados (viendo el vídeo se entiende) y se organizan para defenderse. Pero estos animales tienen poco que perder. La muerte en el outback es segura. En Thargomindah, a la larga también, aunque ellos todavía no lo saben.

lunes, 26 de octubre de 2009

Pensando en Copenhage

Que la temperatura media de la Tierra subirá en los próximos años a consecuencia del cambio climático, es un hecho que ya nadie con criterio científico pone en duda. Ahora, lo que toca de cara a la próxima cumbre de Copenhage (donde se negociará un nuevo protocolo a implementar a partir del 2012 en sustitución del de Kyoto), lo importante es intentar limitar al máximo esa subida de temperatura que, lógicamente, tendrá efectos diferentes a los largo y ancho del planeta. ¿Aumentará como estiman los escenarios más optimistas 2ºC por encima de la media que había antes de la era industrial? ¿O se incrementará 4ºC o más, como realmente apuntan las previsiones más aciagas?
Aunque pueda parecer una nimiedad, dos grados desgraciadamente no son una chorrada y por lo que parece, doblarlos puede ser catastrófico para ciertas áreas geográficas. Las estimaciones preven que cuatro grados de aumento medio pueden redundar en hasta 10º en el Ártico o en ciertas partes de África, donde los ecosistemas ya de por sí extremos sufrirán un estrés ambiental de consecuencias difíciles cuantificar con exactitud.

Por eso, y para agitar el señuelo de Copenhague, hace pocos días el gobierno británico presentó un interesante mapa que muestra los efectos que el calentamiento global causará en los diferentes continentes, una topografía del cambio climático que ha sido realizada por la Met Office (Servivio de Meteorología de Gran Bretaña) y el Museo de Ciencias de Londres.

Falta muy poco para la cumbre de Copenhague. Entre el 7 y el 18 de diciembre, en la capital danesa se pondrá en evidencia qué mundo realmente queremos legar. Nuestros líderes decidirán por todos nosotros, pues al fin y al cabo, nosotros los elegimos, tanto los que votamos como los que no. Vamos a ver de qué pasta estamos hechos y, mientras tanto, apaguemos la luz que no necesitemos y reciclemos, que no cuesta tanto esfuerzo y, sobre todo, nos da algún derecho a protestar.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Sydney in red

Mientras que ayer, en la sede de la Asamblea General de las Naciones Unidas de Nueva York, el presidente de la ONU Ban Ki Mon ofrecía a 25 líderes mundiales una cena de trabajo para acercar posiciones en la lucha contra el cambio climático, en Sydney, Australia, se levantaban hoy envueltos en una tormenta de arena en forma de inmensa nube roja. La fuerte sequía que padecen las zonas interiores de este país ha favorecido que los vientos procedentes del desierto, que han superado los 100 kilómetros por hora, hayan levantado a su paso miles de toneladas de suelo fértil. Los habitantes de Sydney pensaron primero que estaban cercados por algún incendio forestal cercano. Todos recuerdan vívidamente los terribles incendios forestales acaecidos en febrero de este año en el estado de Victoria. Causaron la muerte de casi 200 personas, hirieron a otras 500, destrozaron dos millares de casas y arrasaron con 450.000 hectáreas de terreno. El origen se desconoce, pero se gestó un día en el que varias localidades sufrieron las temperaturas más altas de las que se tiene registro desde hace 150 años.

martes, 28 de abril de 2009

Cambio climático y cólera


Las consecuencias del cambio climático originadas por el calentamiento global son múltiples y variadas. Una de ellas es que el aumento de la temperatura facilita la expansión de enfermedades, sobre todo en áreas pobres y tropicales. Preocupan en especial a las autoridades sanitarias enfermedades como la malaria (cuyo vector es el mosquito Anopheles), el cólera (causado por una bacteria), el dengue (el vector es el mosquito Aedes aegypti) y la encefalitis provocada por las garrapatas, porque las cuatro pueden incrementarse y mucho en un ambiente más cálido.

Estos días ha salido en los medios los resultados de un estudio realizado por investigadores del Instituto de Salud Carlos III de Madrid, que ha vinculado el aumento de los brotes de cólera en Zambia con el incremento de la temperatura causado por el cambio climático. El cólera es una enfermedad intestinal causada por la bacteria Vibrio cholerae. Provoca principalmente fuertes episodios de diarrea acuosa y si es grave, puede provocar la muerte en pocas horas por deshidratación. El cólera aparece asociado a la época de lluvias. Se contagia por vía fecal-oral, es decir cuando alguien entra en contacto con las heces de una persona infectada, a través del agua o los alimentos. Por ello, en la época de lluvias, si las heces están diseminadas sin control, acaban en el curso de los ríos y torrentes, donde la gente acude a beber o a coger agua para cocinar o lavarse.
Los investigadores, que realizaron el estudio en Lusaka (Zambia) entre 2003 y 2006, analizaron los datos de tres epidemias de cólera que se produjeron de manera consecutiva. Los resultados han mostrado que las variables climatológicas (lluvia y temperatura ambiental) tienen relación con el aumento de casos de cólera en el periodo epidémico y que un aumento de 1 ºC en la temperatura seis semanas antes del comienzo del brote explica el 5,2% del aumento de los casos de cólera durante una epidemia. «El cambio climático está afectando de manera clave en la dinámica y resurgimiento de las enfermedades infecciosas, en concreto al paludismo y al cólera. Países como Zimbabwe y Zambia viven este año una devastadora epidemia de cólera asociada a un proceso pandémico que afecta a gran parte del continente, y las hipótesis apuntan a que, posiblemente, el aumento de la temperatura global esté relacionado con el proceso», dice Miguel Ángel Luque, uno de los autores del estudio.

Seguimos usando las palabras con cautela extrema para relacionar cambio climático y cuialquier cosa. Posiblemente, todo apunta, los estudios realizados hasta hoy indican, hacen falta más estudios...etc. Pues hagánlos, porque cuando podamos ya por fin decir las cosas tal y como son, quizá las soluciones tardarán menos en ser implementadas.

martes, 3 de febrero de 2009

Haberlos, haylos y a patadas











Entre el 8 y el 10 de marzo tendrá lugar en Nueva York la primera gran cumbre de negacionistas del cambio climático, que será liderada, nada más y nada menos, por el expresidente de nuestro país, véase el hombre del bigote menguante. Su iniciativa, por cierto, no ha sido respaldada por su partido, que ahora ya cuenta con su propio documento para la lucha contra este problema ambiental. La cuestión es que la inconmesurable sabiduría de este hombre sin parangón conducirá un evento que reunirá a más de 70 científicos, que debatirán más que nada si el cambio climático ha sido originado por la acción del hombre o no.
La cumbre, organizada por el Instituto Heartland de Chicago, será financiada por la petrolera ExxonMobil, que como ustedes saben es de lo más imparcial con el asunto del calentamiento global. El Instituto Heartland, que ha sido frecuentemente financiado por la petrolera, es una institución motivada también por otras lindas causas. Defienden, por ejemplo la sanidad y la enseñanza privada por encima de la pública, y piden la disminución de los impuestos sobre el tabaco. Y no es que la coincidencia de que un ex miembro de su junta directiva fuera a la vez un alto cargo de Philip Morris, otro donante importante de la organización, tenga por supuesto naaaaaada que ver.
En fin, la cosa pinta interesante. Algunos de los nombres en cartel de la cumbre piensan que el calentamiento global del planeta favorecerá el desarrollo de ciertas áreas del planeta. Vladimir Putin, otro sabio de nuestro tiempo, está de acuerdo. Ya dijo en su día que, si la temperatura en su país aumentaba, pues gastarían menos en abrigos, lo que desde luego es una razón de peso para aceptar que en otras partes la desertificación haga la vida de millones de personas aún más imposible de lo que ya es. Pero bueno, eso les pasará en especial a los pobres, que todo hay que decirlo, no hacen más que molestar y dificultar nuestro progreso.

Más: Público (noticia)

jueves, 13 de noviembre de 2008

Kiribati y Maldivas, paraíso para submarinistas


De aquí a unos 50 años, quizás 100, los submarinistas de todo el mundo fliparán aún más cuando viajen al Pacífico o al Índico a disfrutar de las maravillas submarinas escondidas bajo las aguas. Además de poder contemplar los ecosistemas marinos sin parangón en el ranking de los diving centers, podrán ver tras los cristales de sus gafas los restos de una reciente sociedad anegada por las aguas. Vamos, como lo de la Atlántida, pero de verdad. Paciencia, que falta poco. En 1999, ya desaparecieron dos islas en Kiribati (arriba)  –Tebua y Abanuea– no sin aviso previo. Diez años antes, la ONU había publicado un informe advirtiendo que este país, formado por 33 atolones entre Australia y Hawai y habitado por 105.000 personas, sería de los primeros en desaparecer por el aumento del nivel del mar causado por el cambio climático. La construcción de un dique de seguridad en las islas Gilbert, las más pobladas, está fuera de su alcance económico, así que su presidente, Anote Tong, ha optado por solicitar asilo para los futuros refugiados. Sólo Nueva Zelanda ha respondido favorablemente. 
En las mismas andan en Maldivas: el 80% del territorio de los 1.200 islotes que componen este país, situado en el océano Índico, está a menos de un metro por encima del nivel del mar. Sus 350.000 habitantes, a la par que andan celebrando este mes tener al primer presidente democrático tras 30 años de dictadura, deben estar realmente impresionados. El recién elegido Mohamed Nasheed, un prometedor personaje de 41 años, ha dicho a los medios de comunicación que invertirá gran parte de lo que su país recauda por el turismo en comprar nuevas tierras donde realojar a los maldivienses. A diferencia del hombre del bigote menguante, él si cree que en medio siglo gran parte del territorio que hoy está habitado desaparecerá del mapa. Parece que sus miras se dirigen a Australia, Sri Lanka o India. Lo que no se ha planteado es como resolverá lo de la soberanía en terreno ajeno que, supongo, no será un tema fácil. Maldivas, que es para los ricos un destino idílico, consta en las estadísticas como el país con la renta per cápita más alta del sur de Asia. Según un artículo de Jordi Joan Baños para La Vanguardia (9/10/2008), parece sin embargo que esa realidad es cierta sólo para el 7% del país: el 70% de la población, en su mayoría musulmanes suníes, vive en la miseria y uno de cada tres jóvenes es toxicómano a pesar de la ley seca. La mayoría de maldivienses viven sin ver los opulentos hoteles erigidos en un centenar de islas deshabitadas, donde los millonarios se divierten haciendo todo lo que a ellos les prohibe su religión. Uf, Nasheed, espero que tu también creas que puedes. Más información: